Frente a las violencias que siguen arrebatando la vida de mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries+.

Marcha 3J

A más de una década del primer Ni Una Menos


A más de una década del primer Ni Una Menos, convocamos a movilizar y a organizar la rabia y el dolor frente a los recientes femicidios de Agostina Vera y Dulce Candia, así como frente a las violencias que siguen arrebatando la vida de mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries+.
Nos manifestamos, además, contra la avanzada antifeminista que tiene al actual gobierno como uno de sus principales exponentes.
Como señalan Verónica Gago y Luci Cavallero, nos encontramos frente a un contramovimiento, una contraofensiva cuyo despliegue tiene uno de sus puntos estratégicos en la forma de un “antifeminismo de Estado”. Por un lado, se trata de un ataque sistemático e institucional contra programas de política pública orientados, entre otras cuestiones, a visibilizar, prevenir y abordar las violencias por razones de género. Por otro, de una comunicación que, desde la narrativa gubernamental, habilita y difunde el odio político como forma de erosionar la convivencia democrática, con efectos que se traducen en violencias institucionales y sociales contra mujeres y disidencias.
Pero, además, este antifeminismo de Estado se radicaliza al organizar la vida social según lógicas de precarización y, en el extremo, de aniquilación de sujetxs construidxs como desechables: sujetxs para lxs cuales no hay garantías ante la ley, ni protocolos de búsqueda, ni condiciones materiales dignas, ni acceso efectivo a derechos básicos. Vidas codificadas como “improductivas” o como sujetxs que “sacan rédito” de su condición de víctimas.
Por eso, este 3J volvemos a las calles para decir: acá estamos. Estamos en los barrios, en las organizaciones políticas y sociales, en las casas, las escuelas, los trabajos, las universidades y los institutos de investigación. Estamos para seguir nombrando las desigualdades y denunciando las violencias, para disputar los sentidos que buscan legitimarlas y para imaginar colectivamente otros modos de organizar lo común.
Porque el transfeminismo sigue siendo una apuesta y una herramienta política indispensable para defender derechos, construir igualdad y hacer posibles vidas dignas de ser vividas.
Este 3 de junio nos vemos en las calles, al grito y la exigencia de Ni Una Menos.

Gracias María Marta Quintana por el texto escrito para este 3J.

¡Nos vemos en las calles y en las plazas a lo largo de la región!